Artículos Científicos
Ofrendas humanas y paisajes

Los espacios rituales en las montañas donde los inkas
practicaron sacrificios humanos.


Christian Vitry
Universidad Nacional de Salta, Cátedra de Arqueología Argentina
Área de Investigación del MAAM (Museo de Arqueología de Alta Montaña)
Publicado en: Paisagens Culturais. Contrastes sul-americanos. Universidade Federal do Rio de
Janeiro. Escola de Belas Artes. Carlos Terra y Rubens Andrade editores. (pp 47 – 65). Año 2008.
Introducción
Existen lugares, donde los paisajes y muchas de sus geoformas, parecen haber
ejercido una particular influencia sobre las personas. Tal es el caso de la cordillera
de los Andes, especialmente, durante los siglos XV y parte del XVI, momento en el
cual estuvieron en su apogeo los Incas.
La política expansiva del Tawantinsuyu (estado inca), permitió un dominio
territorial que se extendió, desde el sur de Colombia hasta el sur de Santiago de
Chile y el norte de la provincia de Mendoza en Argentina, ocupando una superficie
aproximada de dos millones de kilómetros cuadrados.
La conquista territorial incaica, no sólo fue de índole política – económica, sino
también, simbólica – religiosa. Tampoco fue exclusivamente “horizontal”, sino que
tuvo un componente “vertical” muy importante, pues se sabe de dos centenares de
montañas que fueron ascendidas y, sobre las cuales, se construyeron recintos
ceremoniales. En algunas de ellas se realizaron ofrendas humanas a más de
6.700 metros de altitud. (Figura 1)
Los seres humanos nos encargamos de construir paisajes. Le otorgamos vida,
contenido y significado a las manifestaciones de la naturaleza, creando un
universo simbólico en cada rincón que habitamos.
Al considerar al paisaje como una construcción social, dotado de componentes
simbólicos que definen e identifican a una cultura y un momento de la historia,
contemplamos otras herramientas de análisis que exceden al campo específico de
la arqueología, tales como la geografía cultural, semiótica, historia de las
religiones y la antropología.
Estos abordajes implican principios en el que, el registro arqueológico, es
conceptualizado dentro de un proceso de generación continua, donde, agentes
naturales y culturales lo afectan, generando patrones de registro específicos que
permiten definir la estructura del paisaje (Butzer, 1982; Schiffer, 1987, Peña et al.,
1992; Morales et al, 2003).
Además de las variables descriptas anteriormente, consideramos que los paisajes
arqueológicos son un producto socio-cultural creado por la objetivación, sobre el
medio y en términos espaciales, de prácticas sociales de carácter material como
ideal. Esto implica que las espacialidades están impregnadas de significados
culturales y sociales, que se expresan mediante la cultura material, desde lo
arquitectónico paisajístico, hasta en objetos mobiliarios de pequeñas dimensiones.
Entre estos objetos se encuentran algunas figurillas confeccionadas en concha
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marina del género Spondylus, proveniente de la costa cálidad ecuatoriana. El
Spondylus, conocido también como “mullu”, fue un molusco con una gran
importancia religiosa y fue motivo de intenso tráfico e intercambio durante miles de
años.
Analizar el mundo andino prehispánico donde lo natural y cultural formaban una
unidad indisoluble, donde las montañas fueron apus o dioses con los cuales las
personas se relacionaron a través de un diálogo diferido mediado por las ofrendas,
un mundo en el cual se creía que las piedras tenían almas, los espíritus habitaban
en los manantiales y donde la muerte de un niño podía restaurar el equilibrio del
universo (McEwan et al., 1992).
Donde la tierra y el mar se manifestaban como deidades femeninas (Pachamama
y Mamacocha), un mundo dinámico de objetos inanimados con vida y sentir. El
estudio de tal mundo es un desafío intelectual y físico que muchas personas
adoptamos y nos apasionamos con lo que popularmente se conoce bajo el
nombre de arqueología de alta montaña.

Publicado el 25/09/2012 a las 09:31:47